Este
comunicado fue encontrado en Dover, Delaware, lugar donde se desestabilizó un
encuentro secreto, cuyo objetivo era afianzar la coalición entre Chevron, Pepsi-CO,
Microsoft, el Club Sierra, la Federación de anarco-estalinistas del norte de
New Jersey, Michael Albert, y el Instituto de Ecología Social. La interrupción
de este evento es una evidencia de la propagación de las acciones
anarco-primitivista e insureccionalistas.
A menudo nos
dicen que nuestros sueños no son realistas, nuestras demandas imposibles, que
básicamente estamos fuera de nuestros cabales por proponer un concepto tan
ridículo como “la destrucción de la civilización”. Por ello, esperamos que este
breve alegato arroje alguna luz sobre por qué nos conformamos con nada menos
que una realidad completamente diferente a ésta a la que nos fuerzan a vivir
hoy.
Creemos que
las infinitas posibilidades de la experiencia humana se extienden en ambos sentidos,
tanto hacia el futuro como hacia el pasado. Deseamos derrumbar la discordia
entre ambas realidades. Luchamos por una realidad de “futuro primitivo”,
realidad que conocieron nuestr@s antepasad@s y nosotr@s llegaremos a conocer:
una realidad pre/post tecnológica, pre/post industrial, pre/post colonial,
pre/post-capitalista, pre/post-agrícola, e incluso pre/post-cultural- donde
fuimos y volveremos a ser SALVAJES¡¡¡
Creemos que
es necesario plantear algunas cuestiones fundamentales como dónde nos encontramos
ahora, cómo hemos alcanzado este punto, hacía dónde nos dirigimos y quizás lo
más importante, de dónde procedemos. Estas cuestiones no deben verse como
evidencias irrefutables, como las Respuestas, o las prescripciones para la
liberación; sino, como cuestiones a considerar mientras luchamos contra la
dominación o intentamos crear otro mundo.
Creemos que
la Anarquía es la última experiencia liberadora y nuestra condición natural.
Antes, y al margen de la civilización (y sus influencias corruptas), l@s human@s
eran, y son, a falta de mejores términos, anárquic@s.
Durante la
mayor parte de nuestra historia vivimos en agrupaciones a pequeña escala donde
las decisiones eran tomadas cara a cara, sin la mediación del gobierno, sin
represtación o incluso sin la moralidad de un asunto abstracto denominado
cultura. Nos comunicábamos, percibíamos y vivíamos de un modo directo,
instintivo y sin intermediarios. Sabíamos que comer, como curarnos, y como
sobrevivir. Éramos parte del mundo que nos rodeaba. No existían separaciones
artificiales entre el individuo, el grupo y el resto de la vida.
Durante la
larga historia humana, no hace demasiado tiempo (algún día como hoy, unos
10.000 o 12.000 años atrás), por razones sobre las cuales sólo nos es posible
especular (pero no conocer con certeza), un cambio comenzó a ocurrir en algunas
agrupaciones de humanos. Estos humanos comenzaron a confiar menos en la Tierra
como “creadora de vida”, y comenzaron a crear una distinción entre ell@s y la
Tierra. Esta separación es la base de la civilización. No es realmente una
cuestión física, a pesar de que la civilización presenta algunas
manifestaciones físicas muy reales; sino es más una orientación, una tendencia,
un paradigma. Se basa en el control y la dominación de la tierra y sus
habitantes.
El principal
mecanismo de control de la civilización es la domesticación. Consiste en
dirigir, domesticar, reproducir y modificar la vida para el beneficio humano
(normalmente de aquell@s que tienen el poder o se esfuerzan en obtenerlo). El
proceso de domesticación comienza a cambiar costumbres como el llevar un modo
de vida nómada, hacia una existencia más sedentaria y establecida, creando
focos de poder, y constituyendo lo que más tarde se llamaría propiedad.
La
domesticación crea una relación totalitaria con las plantas y l@s animales, y
finalmente con otr@s human@s. Esta relación ve a otras formas de vida,
incluyendo a la humana, como realidades al margen del domesticador/a, y
constituye la racionalización para el sometimiento de mujeres y niñ@s y para la
esclavitud. La domesticación es una colonización forzada de la vida no
domesticada, que nos han conducido a las patológicas experiencias modernas del
control absoluto de nuestras vidas, incluyendo sus estructuras genéticas.
El mayor
paso en el proceso de civilización es el movimiento hacía la sociedad agraria.
La agricultura crea un paisaje domesticado, un cambio en el concepto de que “la
Tierra proveerá” a “lo que producimos de la Tierra”. El domesticador comienza a
trabajar contra la naturaleza y sus ciclos, y a destruir a aquellos que todavía
viven de ella y la comprenden. Aquí podemos ver los orígenes del patriarcado.
Vemos los inicios no sólo de la acumulación de la tierra sino también de sus
frutos. Este concepto de propiedad de la tierra y de sus excedentes crea
dinámicas de poder nunca antes experimentadas, incluyendo las jerarquías
institucionalizadas, y las potencias organizadas. Nos hemos desplazado hasta un
sendero insostenible y desastroso.
Durante los
posteriores miles de años esta enfermedad progresó, con su mentalidad
colonizadora e imperialista, y ha consumido con el tiempo la mayor parte del
planeta con la ayuda, por supuesto, de propagandistas religiosos, quienes
tratan de asegurar a las “masas” y a l@s “salvajes” que esta situación es
adecuada y justa. Para beneficio del colonizador, las personas son enfrentadas
unas contra otras. Cuando las palabras del colonizador no son suficientes, la
espada, que nunca está muy lejos, ataca con su impacto genocida. Las
distinciones de clases se vuelven más sólidas, convirtiéndose sólo en la
polarización: aquellos que tienen y aquellos que no. El tomador y el dador. El
gobernante y el gobernado. Las murallas consiguen levantarse. Así es como nos
dijeron que fue, pero la mayoría de la gente de algún modo sabe que esto no es
cierto, y que siempre han existido aquell@s que han luchado contra esto.
Todas las
luchas, la lucha contra las mujeres, contra l@s pobres, la guerra contra l@s
indígenas, l@s salvajes y la gente que vive de la Tierra están interconectadas.
En los ojos de la civilización, tod@s ell@s son cosificados, convertidos en
recursos que pueden ser reclamados, extraídos y manipulados por el poder y el
control. Tod@s son vist@s como bienes; y cuando dejan de tener utilidad para
las estructuras de poder, son descargados en el basurero de la sociedad. La
ideología del patriarcado es la del control sobre la autodeterminación y
sostenibilidad, la razón sobre el instinto y la anarquía, el orden sobre la
libertad y el salvajismo. El patriarcado es una imposición de muerte, más que
una celebración de la vida. Estas son las motivaciones del patriarcado y la
civilización, y durante miles de años han moldeado la vivencia humana a cada
nivel, desde el institucional al personal, mientras han devorado la vida.
El proceso
de civilización se vuelve más refinado y efectivo a medida que pasa el tiempo.
El capitalismo se convierte en su medio de acción, en el indicador del alcance
de la dominación y la delimitación de qué debe ser aún conquistado. Todo el planeta
es cartografiado y las tierras son cercadas. La nación-estado se convierte
eventualmente en el grupo social pensante y de aquí en adelante fijará los
valores y objetivos de un gran número de personas, por supuesto, para beneficio
de aquell@s que tienen el poder.
La
propaganda derivada del Estado, en el presente, comienza a reemplazar algunas
(aunque no muchas) de las fuerzas brutas con una benevolencia superficial y la
divulgación de conceptos como ciudadanía y democracia. Como un amanecer de la
modernidad que se avecina, las cosas comienzan en efecto a torcerse.
Durante todo
el desarrollo de la civilización, la tecnología siempre ha jugado un papel
expansionista. De hecho, el progreso de la civilización ha estado siempre
directamente conectado con, y determinado por, el desarrollo de las cada vez
más complejas, eficientes e innovadoras tecnologías. Es difícil saber si la
civilización impulsa a la tecnología o viceversa. La tecnología, como la
civilización, puede ser vista más como un proceso o sistema complejo que como
una aplicación física. Intrínsicamente implica división de trabajo, extracción
de recursos, y explotación por el poder. La interconexión con, y el resultado
de la tecnología es siempre una realidad alienada, mediada y una carga pesada. No,
la tecnología no es neutral. Los valores y objetivos de aquell@s que producen y
controlan la tecnología están incrustados dentro de ésta. A diferencia de las
herramientas simples, la tecnología está conectada a un largo proceso
infeccioso y continúa su avance impulsada por su propio movimiento. Este
sistema tecnológico siempre avanza, y siempre tiene necesidad de inventar
nuevas maneras de sustentarse, echar combustible, mantenerse y venderse a sí
mismo.
Una parte
crucial de la estructura capitalista-tecnológica-moderna es el industrialismo;
el sistema mecanizado de producción construido sobre el poder centralizado, y
la explotación de personas y de la naturaleza. El industrialismo no puede
existir sin el genocidio, ecocidio e imperialismo. Para mantenerlo, la
coacción, el desalojamiento de las tierras, los trabajos forzados, la
destrucción cultural, la asimilación, la devastación ecológica, el comercio
global, son aceptados y vistos como algo necesario. La normalización de la vida
industrializada cosifica y convierte en mercancía y recursos potenciales toda
forma de vida. La tecnología y el industrialismo han abierto la puerta a la más
reciente domesticación de la vida -la última etapa de la civilización- la edad
de la neo-vida.
Así que
ahora nos encontramos en la cyberrealidad postmoderna, neo-liberal, y
biotecnológica, situad@s entre un futuro apocalíptico y un nuevo orden mundial.
¿Se puede realmente estar peor? ¿O ha sido siempre así de malo? Estamos
domesticados casi por completo, excepto por los pocos momentos (revueltas,
cuando nos arrastramos por la oscuridad para destruir maquinas o
infraestructura de la civilización, conexión con otras especies, bañarnos
desnud@s en un riachuelo de montaña, comer comida silvestre, hacer el amor…
añade tus favoritos) cuando echamos un vistazo sobre cómo podría ser si
fuéramos salvajes. Su “pueblo global” es más como un parque de atracciones o un
zoo global, y no es una cuestión de boicotearlo porque nosotr@s estamos dentro
de él, y el está dentro de tod@s nosotr@s.
Así que no
consiste simplemente en escapar de nuestras jaulas (aunque es por esta vía por
donde debemos comenzar), pero debemos destrozar todo este lugar, en su
totalidad, dándonos un banquete con los guardianes del zoo y tod@s aquell@s que
ponen en funcionamiento y se benefician de este mundo, reconectando con
nuestros instintos y ¡volviéndonos salvajes de nuevo¡ No podemos reformar la
civilización, volverla verde o hacerla más justa. Está podrida desde la base.
No necesitamos más ideologías, moralidad, fundamentalismo o mejor organización
para salvarnos. Debemos salvarnos a nosotr@s mism@s. Debemos vivir de acuerdo a
nuestros propios deseos. Tenemos que conectar con nosotr@s mism@s, con aquell@s
que nos importan y con el resto de la vida. Tenemos que estallar y destruir
esta realidad.
¡¡La
civilización es una lucha contra la vida¡¡
¡¡Estamos
luchando por nuestras vidas y declaramos la guerra a la civilización¡¡¡


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